
Piedra de sal tallada por ovejas - 30 x 40 x 42 cm - Güican de la sierra, Boyacá.
Esta instalación audiovisual hace parte de mi investigación artística Viaje a la luna con olor a oveja (2022-2024), inspirada en un reportaje publicado el 8 de julio de 1969 en el periódico EL TIEMPO. En este artículo, Raquel Vivas Rincón, una artesana de Floresta, Boyacá, narró cómo utilizó lana de oveja proveniente de Güicán de la Sierra, Boyacá, y Concepción, Santander, para recubrir el interior del Módulo de Comando del transbordador espacial Apollo 11. Vivas destacó que el interior de la nave “debería oler a oveja”. Esta reflexión sobre el territorio a través del olor de una oveja me llevó a explorar el habitar de los ovinos en Güicán de la Sierra, preguntándome sobre su relevancia en el territorio y las tecnologías campesinas que estos seres han desplegado a lo largo del tiempo.
El proceso comenzó con una visita al Museo de Antropología e Historia en Floresta, Boyacá, donde esta exhibida la historia de Raquel Vivas Rincón junto con los aerolitos y meteoritos que caen en esta región de Floresta y Santa Rosa de Viterbo. Durante esta visita, conversé con Hildelbrando Saavedra, director del museo, quien me introdujo un curioso termino de: “astrogeología campesina boyacense”. Inspirado por esta perspectiva dada en un contexto rural e imaginativo con aproximaciones cientificas y sensibles, decidí regresar a Güicán, con el objetivo de encontrar un aerolito en esa región.
Para mi sorpresa, tras varias travesías en las altas montañas de la sierra nevada, descubrí gestos escultóricos creados por las mismas ovejas en colaboración de los campesinos Isidro Florez y Maria del Rosario, que emulaban estas rocas espaciales que estaba buscando.

Me vinculé, a través de mi familia y mis antepasados oriundos de Güicán de la Sierra, a una red de campesinos ovejeros. Este proceso me permitió reconocer el territorio ovino mediante el caminar y la escucha. La travesía hacia el Aerolito Ovino implicó una caminata de dos días hasta la Laguna Grande de los Verdes, un lugar remoto de alta montaña donde se encuentran rocas de sal que sirven como suplemento mineral para las ovejas y, además, delimitan su territorio, evitando que se extravíen en la Sierra. En esta región no existe un pastoreo convencional desde 1756, cuando estas ovejas inglesas fueron introducidas desde Europa. En los últimos 268 años, estas ovejas se han integrado profundamente al territorio, adaptándose al ecosistema de páramo y glaciar de la Sierra Boyacense.
Las piedras de sal utilizadas en esta tradición campesina provienen de un nacimiento de agua natural en un pueblo llamado La Salina, ubicado en el norte del departamento de Casanare, a unas horas de Güicán de la Sierra. Esta agua, con altos niveles de sal, es cocinada con leña en un proceso artesanal que solidifica y compacta el mineral. La piedra en bruto es angular y llena de aristas, hasta que las lenguas de las ovejas la moldean.
Estas rocas, expuestas a la intemperie, adquieren un carácter efímero, disolviéndose con la saliva y la lluvia. En este caso, la roca o aerolito fue colocada en bruto un año antes para que las ovejas la lamieran, siendo resguardada en la última casa campesina existente en la zona.
Las piedras de sal utilizadas en esta tradición campesina provienen de un nacimiento de agua natural en un pueblo llamado La Salina, ubicado en el norte del departamento de Casanare, a unas horas de Güicán de la Sierra. Esta agua, con altos niveles de sal, es cocinada con leña en un proceso artesanal que solidifica y compacta el mineral. La piedra en bruto es angular y llena de aristas, hasta que las lenguas de las ovejas la moldean.
Estas rocas, expuestas a la intemperie, adquieren un carácter efímero, disolviéndose con la saliva y la lluvia. En este caso, la roca o aerolito fue colocada en bruto un año antes para que las ovejas la lamieran, siendo resguardada en la última casa campesina existente en la zona.





